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Londres. El sótano del Mundo

1 diciembre, 2012 3 Comentarios

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Son las 15.00hs en esta ciudad que muchas veces caminé en mis sueños. Pero en los sueños no caben los aromas ni esa esperanzadora sensación de humedad respirada bajo un cielo gris y menos aún la de emerger en un tren de cercanías desde las entrañas de la tierra y elevarse por los segundos pisos de los barrios alejados del bullicio.
Y así, ya sin maletas, con mi Canon cargada de ansiedades en 400 asas me dan mis primeras five o clock en una perfecta y multicultural Bond Street.
Quiero percibir el todo, meterme en el alma de cada transeúnte, darme una vuelta en cada reloj de las fachadas, beberme todas las cervezas, mojarme con cada sutil gota de esta garúa que hace estragos con mi pelo.
Camino sin destino, así vivo siempre mi primer contacto con las ciudades, dejándome fluir, sintiendo que no es mi razón la que conduce. Quizás sea el color de una luz, el diseño de un cartel, los zapatos exóticos de una muchacha que camina apurada, o una esquina que bifurca los caminos de mi alma.
Y comienza el único ritual que reconozco, sentarme en un bar de ellos, ahí donde purgan sus días antes de irse a detener la máquina. Miro alrededor, sus cervezas vacías con la espuma latente en las paredes de un vaso que nadie sabrá con la intensidad que  fue agarrado. Ensayo un ademán al camarero, sutil lo reconoce, me sumerjo en una pinta de Guiness que sabe diferente a las que llegan a la patria.
Quiero pensar el día de mañana, con mi guía y los apuntes que cuidadosamente fui guardando en meses sobre aquellos sitios imperdibles.
Sólo me acompaña una obsesión por las calles de este Londres tan ansiado, la de meterme en sus mercados, ver a sus gentes comprando sus verduras, sus pescados que llevarán a sus casas para profanar botellas de espumantes, sus curries que celebrarán los años de la historia. Y yo, ya con mi segunda pinta, agarro mi bolsa llena de palabras e intento retratar la cara más espontánea de esta trajinadísima urbe como quien llena intrigado un crucigrama.
La cerveza de hoy se termina, camino hacia el under, disparo una par de fotos, me entierro por escaleras interminables, me acompaña en mis auriculares Javier Colina y Bebo Valdez, piano y contrabajo, para qué más, me digo y duermo unos minutos de sueños necesarios.
Son las 9.00 AM, repito en mi mapa las paradas para llegar al southbank, y de ahí caminar por la rivera de Támesis. Me obsesiono con el Ojo de Londres, cientos de personas girando como en un parque de atracciones para ver la ciudad desde los cielos, y una feria tremenda de libros usados bajo un puente, y más allá una pista de skate con arte urbano en sus paredes y en la cara de la gente.
Entre playitas que desaparecen con el río llego a la Tate gallerie, perfecto logro arquitectónico de Herzog And Demeuron releyendo una antigua fábrica para dar vida a la galería de arte contemporáneo más importante del planeta.
Me pierdo en Pollock y Picasso y en muestras de instalaciones voladas q hacen repensar el arte. Todo es vida, todo, pero con ese sabor de algo clandestino, el aroma a un sótano donde todas las fantasías pueden suceder…
Entre el muro de arboles que rodea a la Tate, salgo en búsqueda nuevamente de la rivera del río, paso por The Globe el teatro q inmortalizara las obras de un tal Shakespeare, ahí la historia que sirve y emociona. Paso debajo de un puente en el que un Jamaicano llora por la redención en sus notas de reggae. Sigo los carteles gastados en el piso que dicen Borough Market, quiero llegar pero que el camino a su vez sea eterno, todo cuanto me sucede es mágico. Y entonces, previo paso por lo que era Vinopolis, aparece la vida en colores de uno del mercados más maravillosos del universo…Pero eso se los cuento en unos días!

SaLú

IMG_4990IMG_5027The London eyeUniverso GrafittiePensamientos bajo el puente

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El Estilo Argentino y los bobos de Noé

10 noviembre, 2012 8 Comentarios

 

Es Mendoza y primavera, 02.00 AM volví a casa desde una vereda plagada de esperanzas, hombres y mujeres, ellos y ellas, celebrando las noches por las calles. El aire de esta ciudad, sus plazas, el tradicional modo ser de sus personas se mezcla con el desparpajo de forasteros que brindan sin parar en cualquier lado. Soy fiel devoto de esta estación y un adorador del mágico hechizo rocambolesco que genera en quien la vive.

Aprovecho este verano anticipado con belleza para pensar sobre el mundo, los vinos, los que beben, sus formas y métodos, sus ritos, su felicidad y su idea de justicia.

Puedo por un momento abstraerme para repensar un tema que a veces me desvela: podemos hablar que existe un estilo argentino de vinos?

La ortodoxia de la zona me lleva al diccionario de la RAE quien define estilo como: “aquel Modo de comportarse típico de una época, grupo, cultura o persona, en especial en cuanto hace a los asuntos artísticos o estéticos”. Me vienen a la cabeza esas ilusas discusiones sobre verdades de perogrullo de periodistas que pretenden enseñar a los enólogos desde sus templos de soberbia, desde su necesidad de construir poder para luego cambiarlo por unos dólares berretas ante la amenaza de una mala crítica. Huyo de ahí, es un tema que no suma.

Vuelvo a la Argentina, esa que ha tenido cultural, social y humanamente algo que la ha transformado en un cocoliche fantástico donde pueden vivir don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín (Discepolín ya lo decía). Y en el diseño de su macromundo vitivinícola no ha esquivado esta vocación, aquí han llegado franceses, italianos, españoles, chilenos, brasileños, americanos y tantas nacionalidades como puedan imaginarse los sueños de vinos que se animan a vivir.

Y en el país, en esas calles que piso con orgullo, se han mixturado las razas, las culturas, los múltiples idiomas del vino, así como sucede en la palabra de la maestra de la escuela: “… A ver a Ver: Gomez se sienta con Chiapetta, Funes con Abraham, Manoukian con Rivadaneira, Jait con Smith por favor…” Y esos niños juegan felices sin entender de banderas, de poder, de chauvinismos desfasados y eso somos, una cultura que se ha nutrido de muchas, sobre un suelo fértil y libre, rebuscado y sofisticado, apasionado y por eso exagerado, renaciente de kilos de cenizas, sobrepuesto a adversidades que muchas veces nosotros mismos nos hemos construido.

Es por eso que dentro de una botella que lleva la palabra Argentina como firma, un bebedor (de esos que me gustan, los que beben como una forma de discutirle a la muerte su reinado), puede encontrarse el alma inquieta de la Italia de Antonini, el savoir faire de la Francia de Rolland, el sol eterno de los Estados Unidos de Hobbs, el sabor particular de los barrios en los que nacieron esos cientos de enólogos argentinos que hoy triunfan en el mundo. Todo incorporado, las calles y la esquina de algún primer beso, el sauce que se empecina en recostarse sobre los arroyos, el asado y el mate compartido.

Ese perfecto caos del modo argentino de vivir las cosas aporta siempre nuevas visiones, nuevos sentidos, bebiendo en paz de las fuentes de nuestros múltiples pasados para proponer nuevas sangres mezcladas con vocación de futuro.

Hace días Robert Parker Jr. publicó los puntos para Argentina de cientos de vinos degustados por Neal Martin. He bebido la mayoría de ellos y de otras cientos de bodegas de estas tierras, y más allá de los subjetivos puntajes, de las siempre cuestionada críticas, celebro que este bendito país representa por sus climas, sus tierras, sus hombres y mujeres un canto a la diversidad contra los dictados tiranos de la uniformidad que algunos pretenden imponer. En este 2012 difícil para nuestros productores y bodegueros, se ha logrado un hito en la historia de nuestros vinos: más allá de las fusibles personas y de los miedos a nuevas formas de catar, Argentina como concepto ante el mundo fue reconocido por grandes cabernet, por profundos syrah, por novedosos petit verdot, por vinos sin madera y vinos con 36 meses en roble, por blends de smoking y galera. Se hizo flamear una bandera que si bien se ve celeste y blanca, por detrás representa la libertad absoluta en el color del cielo y la preocupación por el futuro en el color amenazante de las blancas nubes y que en el corazón, en ese corazón tantas veces lastimado tiene un sol perpetuo y respetuoso, guerrero y apacible que madura nuestros vinos para la felicidad de los mortales.

No hemos llegado a ningún lado, no develamos fórmulas perfectas, sólo estamos construyendo caminos a seguir, hoy les propongo que al menos disfrutemos un poco del paisaje.

Argentina es eso, es diferente, alejada de recetas, es ortodoxia y locura, pasión y desesperación, es amor y odio, es una búsqueda frenética, es la novia ambigua que siempre nos tiene en vilo, es un perfecto cambalache. Por eso, a mí señores, no me vendan la salvación en un arca llena de animales tripuladas por profetas del estilo. El estilo argentino es la diversidad de miradas de hombres y mujeres fusionados con la tremenda tierra en que vivimos y esa, sin dudas será la salvación de nuestro ADN. Pobres los bobos e ilusos seguidores de Noé!

@ElJosedelaGente

Facu de los milagros repetidos

7 noviembre, 2012

 

Mañana de un verano apresurado, es noviembre y los 26 grados a las 10 presagian un día en llamas.
Camino por la calle Pedro Molina, frente al nuevo monumento a la bandera. Aquí hace 30 años, coqueteaba con las primeras gambetas, me pasaba horas pegándole a la pelota para que llegara al pecho de un amigo.
El tiempo pasó desprejuiciado pero no la sensación de caminar por esta calle de los tilos que emocionaban a mi padre. Voy a reunirme con un viejo compañero de la primaria, llego al café de la cita, ahí está con su desparpajo y liviandad ante la vida, mi redescubierto amigo, Facundo, al que los otros de la promoción se empeñan en llamar Chamán.
El abrazo reconocido, y la charla que comienza, me cuenta que hace 12 años vive en Mexico, rescatando la cultura de las semillas originarias de los Mayas. Puntualmente Pacu (como lo llaman los Mayas) se esmera en encontrar las semillas sagradas que dieron sustento a las comunidades originarias.
Su simpatía, sus ganas irrefrenables de hablar, su tímida habilidad con la pelota, un cine portátil, sus conocimientos de cultivos y la sonrisa, sirven para llegar a la intimidad de grupos que sienten que deben recompensarlo y el sólo pide conocer a los viejos. Y así, intentando cambiar el mundo desde sus 4 metros cuadrados, genera cambios tremendos, cotidianos.
Facu hace 10 años que vive en comunidad, sin luz, sin manejar dinero, y sus 3 hijos (Luna, Tierra, Cielo) demoraron años en usar sus primeros zapatos a los que les huyen hábilmente.
Facu dejó el camino señalado que la tradición de Mendoza le proponía y emprendió una búsqueda sin saber qué buscar, habitualmente esto es lo que une a los que cambian el mundo.
Mi amigo ama a su mujer, que desde hace muchos años lo acompaña, codo a codo, sueño a sueño y ella lo ama profundamente a él. Una historia de amor tan real como distinta, tan profunda como las raíces del maíz que alegremente cultivan en familia. Si vos los vieras no dudarías que existe el amor.
En las fotos que la familia sube al facebook desde la computadora comunitaria a unos kilómetros de su casa, se ven niños felices, de sonrisas amplias. Niños que jamás tomaron medicamentos y son motivo de estudios de la Universidad de Yucatán.
Mi compañero de primaria, el que se sentaba a dos bancos, el que me enseñó a conocer a Kiss, reutiliza todo cuanto tiene, desde los desechos de comida, hasta las heces de su familia que luego abonarán la tierra que dará nueva vida.
Aprendió de los Mayas que las enseñanzas jamás se dan todas juntas, que en la disciplina del trabajo un hombre muestra su corazón, que hay secretos que se guardan en el alma.
De los Mayas originarios heredó el cuidado del sustento, de esas semillas que como la vida deben protegerse por el cuerpo y la supervivencia y la historia y la mística de toda una etnia que emociona.
Y ojo, uno no verá en él a un mesiánico y enardecido propagador de ideas de salvación universal. Al hablar, no encontrará un tipo que te intenta convencer a nadie de nada, no tiene recetas exóticas de milagros devaluados. Pero cuando lo miro de verdad, puedo escuchar al viento en sus palabras, vivir los sueños entre sus anécdotas de vida. Puedo ver la luna temblando ante su discurso calmo y coherente. El tipo propone un nuevo despertar, simplemente que los chicos cuestionen las rutas que nos llevaron hasta aquí, que se animen a andar nuevos caminos.
En su corazón uno puede entender que el cambio enorme y sustentable, profundo y duradero surge de las pequeñas acciones solidarias de un uno que entiende que vive con un o varios otros. Pienso en tanto moderno que se llena la boca con discursos vacíos y berretas, que proponen cambiar el mundo porque pegan una foto en su muro del facebook y luego depredan los humores, los amores y las arcas de quienes los rodean.
Pacu, es uno que le puso el cuerpo, el alma, la familia, el amor, la pareja, todo cuanto tiene al cambio, y no se siente un elegido, le gusta que lo reelijan los que antes lo criticaban. No es un antisistema, todo lo contrario, disfruta sus minutos de internet, respeta las elecciones de los otros. Mi compañerito de primaria, aquel que un día en los 70 valiéndose de un error de tipeo en una revista se animó a decir la palabra pedo 4 veces a la ceño que se sonrojó ante la carcajada callada de nosotros. Ese, el Facu que ya miraba al cielo de una manera diferente, es este héroe casi anónimo con un antifaz de tierra. Ese Facu, con el torso desnudo fue interlocutor de las palabras del Sup ante su agradecida comunidad Maya. Ese Facu de los milagros repetidos…
Dos horas de café que se escaparon como el aire un globo que se explota, nos paramos, y ahí, la despedida.
Se va a México, se vuelve a seguir con su huerta y sus semillas, a abrazar el calor de sus hijos y su tierra, a continuar renovando la promesa con su musa. El se va y lo abrazo fuerte antes de irse, porque me deja un legado: que la sangre no se vuelve agua, que hay hermanos dispersos por el mundo que llevan una bolsa de semillas conocidas, que debemos enseñar a nuestros hijos a enamorarse de buscar y así llegan nuevos aires, buenos cielos, gratos caminos.
Me queda un puñado de enseñanzas, un par de noches destrenzando el universo y la necesidad de escuchar cada vez más los gritos silenciosos de tantos que están fuera de mis rutas…
Gracias Facu Maíz Maya.

PD: en facebook Facu Maiz Maya

Barcelona…

2 noviembre, 2012

Barcelona...

El reino de los comunes

31 octubre, 2012

 

Jueves 4.00 pm camino por la Rambla de Barcelona, es un otoño que no se entrega a su ocaso, las terrazas llenas de gente que entre risas y fotos beben cervezas y tintos de verano. Siento que acá las filosofías en los tragos son claras: hace calor, se bebe algo fresco, fácil e intentando arreglar el mundo de ahora, el de mañana deberá defenderse solo.

La gente camina en una especie de cambalache diverso de razas, colores e intenciones. La gente que vive en esta ciudad se reconoce rápidamente, caminan seguros, la ciudad que pisan es parte de su todo, acá en esta nueva Babilonia, casi no se percibe la noción de familia, todos comparten su convivencia desde la idea de comunidad. Probablemente los primos se han perdido, los tíos olvidados, pero el vecino de enfrente, ese que pone su música y riega sus plantas es medular en la concepción de la vida. Se lo respeta, se lo reconoce, y probablemente sea una unión más verdadera que los siempre etéreos vínculos heredados de la sangre.

Y ahí en el medio de la Rambla, La Boquería, el sitio donde ellos y los otros, y ellas y las otras, en cruces tan creativos como aceptados, comparten el pan de cada día, los mariscos de la celebración, las especias de los sueños. Porque este perfecto reducto del placer, con flores que jamás se cansan de esperar, lo es también del trabajo de gente que ríe, que ha encontrado su felicidad en el comentario divertido con el verdulero, la mirada franca de la panadera, o las perspicacias de los juegos sexuales de la mujer de treintaypico que vende el azafrán que embellece las paellas.

La Boquería tiene secretos que se develan cada mañana, las agallas del róbalo, el color del bonito, la textura de los hongos, la turgencia de una pera, la mágica mezcla de colores de unas frutas vendidas en copas con cucharas, el aroma a guarda de un queso, el color rojo profundo de un pata negra, el servilletero desordenado del bar de tapas. Probablemente en lo efímero de un bocado puedo sentir que estoy conectado con cientos de mortales que pasaron por aquí, sin más guías que el aroma, sin mas mapa que la vida misma.

Un pescadero de sesenta me explica de Las Rosas, ampulosamente mueve sus brazos para hablar sobre los carabineros, exquisitos revueltos con patatas y huevos poco hechos, me habla con la seriedad de quien está introduciendo a un ciego en un laberinto de luces y colores. Yo acepto el juego, y me dejo llevar por un plato que nunca sucederá en ese momento pero que promete un futuro de fuegos y disfrute.

Bebo una cerveza San Miguel, helada, en chop de 500, pido unas croquetas, y también pantumaca y una chistorra frita, sonrío, esta, mi vida de mercados puede continuar, la felicidad hoy vive acá, en esta Boquería de todos los comunes, de tantos y de tantas que no piensan todavía en morir de soledad…

Salú!

Vinos de pié

29 octubre, 2012

 

Son las 9 de la mañana de un sábado primaveral en Mendoza,
llego al Sheraton, rápidamente veo a la gente que me alegra ver, enólogos, periodistas, sommeliers, toda la linda fauna del vino reunidos detrás de dos significativas copas.
La cordillera no es un límite, se levanta (aparentemente) para que a sus pies de ambos lados sucedan los vinos y la magia.
Estamos aquí para chequear el rumbo, para seguir adelante, para ver que hay que corregir desde los ojos de otros que son hermanos y como hermanos, son críticos, te pelean, te discuten pero comparten finalmente sus trofeos. El buen primer punto sería reconocernos parientes y que el mundo entienda que esta región vale mucho la pena, que tenemos nombres diferentes pero un apellido de cielo, piedra y mar que nos une.

Enrique Chravolowsky da el puntapié inicial, la empuja con el empeine para dar simbólico inicio a este partido y se la pasa a Mariana Martínez, la hermosa e inteligente mujer del vino chileno que haciendo jueguito la pone en juego, Vinos de la Cordillera 2012 es una hermosa realidad.

12 grandes vinos de Chile, 12 grandes vinos de Argentina, degustados a ciegas, una misión, no competir, sino ayudar a releer, a crecer, a volver a firmar el vínculo.
40 buenos degustadores presentados por Argentina, 40 por Chile y la ceremonia comienza, vino para hacer boca, y la pelota en juego.
Copas que se agitan, el vino que recorre las paredes del cristal con un hermoso ritmo, colores que se miran, aromas que nos llevan a otros lugares, computadoras encendidas con el amable programa de Dani Chravolowsky, rostros metidos en el vino, ganas, mística.
Y con el trajín comienza lo que se busca, buena onda, la conversación cruzada, las impresiones de unos y otros, el detalle técnico, el gusto personal, la vida ahí.
Tengo a mi lado a Mayita, venezolana y amiga, detrás a Seba argentino y enólogo, a mi izquierda está Felipe Chileno y periodista, detrás y pegado a Seba se sienta Paco, español y librepensador del vino, a dos sillas Mauricio, periodista profesional, más allá Dani, impecable enólogo argentino y gran persona. La charla fluye, nadie oculta sus percepciones, y en esos intermedios vive el espíritu de este evento, el resto, algo de literatura, borradores para enólogos y bodegas, ajustes en los gps vínicos.

Los resultados, sobre 24 vinos servidos eficientemente y a temperatura por gente de la EAS coordinados por la sommelier y querida Vero García, 15 obtienen más de 90 puntos lo que significa un gran reconocimiento. 8 de Argentina, 7 de Chile.

Mis lecturas:
Los Varietales, me queda claro y confirmado que ambos pies de este tremendo y mineral cuerpo montañoso son mucho más que Carmenere y Malbec. Se apuesta certeramente a cepas y terruños novedosos en grandes vinos, aparecen enormes Syrah, Carignan, Bonarda y sobre todo divinos cortes. Extraño más de los nuevos grande Cabernet argentinos, pero está escrito que hay mucha y valiosísima vida en esta zona del mundo.

La Madera, develo que la madera sigue siendo parte ineludible del ADN de los grandes vinos, pero ojo aparecen muy bien usadas, balanceadas, redondas, equilibradas, sensibles. Que rica le queda la madera a los vinos cuando suma. Que bueno también que esta sea la buena síntesis de discusiones pesadas y pasadas.

Los Alcoholes, no percibo vinos con desequilibro alcohólico, todos en gran armonía, y si veo que las cifras de nada importan, los números jamás debieran desvelar a los buenos bebedores. Seguramente algunos rondan los 14, otros los 15, pero nadie piensa en ellos y termina el frenesí de meses anteriores, yo lo celebro. Pienso en que hacer nacer un niño sietemesino y después decir que es más ligero porque tiene menos peso, amigos, no es una virtud…Gracias!

Los Puntajes, reconozco que en estas reuniones apartarse del chauvinismo no es tarea fácil, y sobre todo al principio. Ale Vigil con sutileza indica en sus puntajes que debíamos subir las medias, lamentablemente pocos le hacen caso. El cuidarse demasiado lleva a que los más destacados tengan mezquinos 91 puntos cuando deberían tener 93 ó 94. Esto, si bien puede verse como un llamado a seguir superándose, es peligroso ante los ojos de quienes miran desde afuera y ven que los grandes vinos de dos nuevas potencias, ante los ojos de sus profesionales no tienen más de 91. Ojo con esto!

Lo ganado, me quedo con mi agenda más nutrida por datos de una veintena de nuevos amigos del mundo del vino, de 10 países diferentes, generosos catadores compartiendo sus visiones y esperanzas.

La promesa, debemos seguir chilenos y argentinos ahí, jugándonos por compartir, por presentar las creaciones a profesionales que quieran aportar, profundizando los estados de conciencia de la realidad de la zona y sometiendo vinos y demases a los ojos tan cítricos (si leíste bien, dice cí tri cos) como nutritivos de los otros. Buenísima la idea de incluir a gente de otros países, su mirada siempre suma.

Atás quedaron cenas y risas, el aporte invaluable de los Chravolowsky, la voz exquisita voz de Mariana, la disposición y eficiencia de Dani, la predisposición y sacrificio de Enrique. Por el retrovisor veo a una Mariana Martinez tan linda como amable, a los enólogos de ambos países dispuestos a escuchar y aportar, a la paciencia de Vero García y sobre todo las risas, las ganas y la alegría del encuentro para despedirse. Me quedo con las lágrimas de mi amigo del alma Felipe Salas, la´grimas que nacieron en el vino y probablemente, jamás morirán.
La mística sigue viva, la cordillera sonríe, los guardianes de sus entrañas, los sabios exploradores de sus minerales, los artistas del vino y la palabra rendidos a sus pies.

Salú y gracias a los que siguieron los comentarios por el twitter de este servidor del vino @ElJoseDeLagente!

Otoño en Barcelona

24 octubre, 2012 12 Comentarios

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Esto sucede en otoño y en Barcelona. Llego a la ciudad, sus aromas son los míos, sus calles, su diversidad cultural, su apertura a nuevas formas de todo, de vida, de habitar, de amor, de arte, porque en definitiva, todo o casi todo en el mundo tiene un pellizco de arte, aún el desamor.

Suena cositas buenas en mi música más íntima, la versión más hermosa del eterno Paco, esa guitarra, acariciada por los dedos como el agua de una cascada podría caer por las escaleras del metro.

Llegar a Barcelona es llegar a la casa de mi hermano Crimi, mi reserva intelectual en el mundo, el tipo que me emociona con su simpleza de vida y su vuelo sin un puto límite. Barcelona son las calles del gótico que destempla Dani Negro con su paso firme, su fragilidad, sus sentimientos tan caprichosos como profundos.

Barcelona es para mi, ese reducto donde la gente se toma las cosas tan de verdad que emociona, y a la vez considera siempre sus errores. Acá (Dani me lo enseñó) fue el único lugar donde por unos días se abolió la moneda durante la espeluznante guerra civil, donde los curas pagaron sus errores, donde la libertad se llama brisa del mediterráneo.

Salgo a la calle, camino, dos mujeres se besan con amor, un punkito camina con su look más cuidado que el del original Sid, el ambiente huele a humedad, la Rambla a flores por momentos y la gente, huele a lo que huele la gente, su piel, sus especias, su historia de vida epidérmica.

Llego a La Boquería, por dios lo que me significa entrar a La Boquería, un mercado que sólo puede existir en Barcelona, donde catalanes y habitantes del mundo, turistas y abuelas hacen sus compras de carnes, verduras, frutas, mariscos, y tapean entre gritos y cañas, entre risotadas de banquetes y enojos por lugares que no existen. La vida es un poco La Boquería y sus aromas y sabores, de momentos sabe a mar, otros a monte, muchos a tierra, tal vez por la mañana huela a frutas, el beso que recuerda una mañana con rocío y el atardecer a muerte y esperanzas.

Así vivo este mercado que me emociona, agarro los pescados por sus branquias, me trenzo en discusiones con los pescaderos sobre lo que significa la frescura y los colores del atún, vivo, me siento vivo. un mercado tiene eso, es un mapa de la vida sin división política, un espacio en el que se fluye desde un pata negra hasta los carabineros saltados con huevos y papas, entre las frustraciones de algunos y la perfecta noción de presente.

Mi alma (he descubierto) no se si ha transmutado, pero juego a que existió en otras vidas y sin dudas estuvo en el cuerpo de un mercader que corría por los puertos y los bazares de oriente, cerca de la gente que mueve el mundo de todos los días, esos que le dan de comer cosas ricas.

Comida, gloriosa comida, maravilloso acto de amor, aire de vida, regateo permanente con la egoísta parca.
Hoy vivo, profundamente, mañana, quién puede saber a donde se irá mi alma…
Salú!

 

Credo Apócrifo del Vino

15 agosto, 2012 3 Comentarios

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La palabra
Jueves 1:16 AM. Caracas, Venezuela. Llueve y se me llenan la boca, la copa y la vida con un ron Santa Teresa Solera 1796. Todo brilla.
La lluvia en este lugar es un llamado a la conciencia. Miles de ranas, casi imperceptibles, se han confabulado para regalarme una grata sinfonía cada noche. Aquí, en esta imperfecta y encantadora ciudad, hasta las ranas tienen un sentido diferente, con escalas variadas de silbidos improvisan melodías dignas de la mejor época de Bach.
He llegado a esta capital destronada de algún antiguo paraíso para representar a la Argentina como embajador del vino y la palabra. Días de aprendizajes e historias, de profundizar mi relación con la vida, el vino y la memoria. Leo a Rafael Cadenas, un poeta venezolano al que sigo y que hoy el azar trajo hasta mis manos. Mi Santa Teresa es parte de la historia y en mis auriculares las ranas hicieron un silencio necesario para admirar a un Piazzolla que respira en el bandoneón de la distancia.

La personalidad
Viernes 4:30 PM. Caracas. La lluvia se trenza con el sol como en una danza romántica. Una copa de un helado Torrontés me sirve de bálsamo perfecto para la humedad de este trópico. He vivido con mucha intensidad estos días de actividades con vinos argentinos y pude confirmar que la pasión nunca es poca, que la vida es un magnífico regalo, que la felicidad la construye uno transformando el barro del dolor en adobes de sonrisas.
Si hablar de vinos argentinos me moviliza, hacerlo a miles de kilómetros me emociona, como quien escucha un tango melancólico en París. Y hablar de cuatro almas en los vinos, Juampi Michelini con su Zorzal Malbec, Juan Manuel González con su Gran Malbec de Ángeles, Marcelo Pelleriti con su Gran Reserva y Ale Vigil con su Malbec de El Enemigo. Fue un honor hablar de la personalidad de los hacedores, las anécdotas que compartimos, la música que amamos, los sueños que soñamos. Gabriela Celeste develó el color y el aroma de las piedras que un diluvio le regaló a Mendoza. La ampulosa enamorada Nati Beneitez se emocionó describiendo los vinos y su génesis y Lala Contessi lloró con ellos.
Y Maya García, esta sommelier venezolana que revivió las lágrimas que le ha representado sentir la viña con cada uno de ellos, con cada uno de nosotros.

La vida y la muerte bordadas en la boca
Sábado 3:45 AM. Los Palos Grandes, Caracas. Tengo puesta una remera que dice: “Oh que Syrah”, presagio de lo que llena mi copa, los tintos con cojones en el Caribe reviven con aire acondicionado. Hoy este Syrah ayuda a que siga con mi vuelo.
Este descarnado país me regaló la amistad del renacentista Pocho Garcés, quien jura al mundo ser cocinero, pero yo –que he leído el libro de su vida– puedo afirmar que este venezolano universal es poeta, músico, cantante, filósofo y, como todo ser alado, un sobreviviente amante de la luna.
Acaba de terminar la experiencia que armamos juntos, una cena en la que nos juramos vencer definitivamente a la muerte. Una noche, la historia de nuestras vidas en mis textos por los que fui viajando con los invitados, Maya hablaba de las sensaciones tan mundanas y presentes, tan oníricas y pasadas que buscamos con los vinos, y el gran Pocho explicaba el nombre de sus platos, sus recuerdos y esperanzas musicalizando cada bocado con sus canciones.
Terminamos la noche con Amarillys y su voz conmovedora cantando a capella Gracias a la vida, la gente con lágrimas en los ojos, agradecidísima. Yo no puedo borrar el momento en el que sentí en el pecho retumbando “el canto de todos es mi propio canto”.
Termino mi segunda copa de Syrah, basta por hoy. Una ardilla se escabulle, siento que espiará mis sueños. Me entrego.

El credo
Domingo 4:23 AM. Caracas. Ron, del bueno, con hielo, poco.
Parece que la lluvia está cuando debe dar marco a momentos reflexivos, la escucho, la toco, la vivo. Siento ese aroma al Ávila que me quedará tatuado en el alma.
Hoy terminó esta vivencia inigualable para cuatro amantes inclaudicables del vino. Esto que se llamó Mayo Argentino en Quinta Delta, el hotel en Los Palos Grandes de Caracas.
Pienso en la abundancia como tema omnipresente de este Caribe, en sus gentes, sus abrazos, sus sonrisas, sus ganas de vivir.
Siento que el vino argentino ha llegado a sus corazones para quedarse para siempre. Me tiro para atrás en el sillón, miro al cielo.
Busco mi libro de Nazoa, hijo dilecto del ron y de estas noches que siempre perdonan los pecados, leo en voz alta, tengo ganas de gritarle al mundo:

“Creo en la amistad como el invento más bello del hombre, creo en los poderes creadores del pueblo, creo en la poesía y, en fin, creo en mí mismo, puesto que sé que hay alguien que me ama”. Chau, Caracas, creo en el vino…

 

Escondida

4 julio, 2012

 

 

Tus ojos siempre atentos

al humo de las bombas.

Las palabras.

A las caricaturas fastuosas

que jamás dirán nada.

Tus ojos acechando

las estériles verdades.

que mi alma

sistemáticamente,

te ocultará.

Impenetrable

25 junio, 2012 2 Comentarios

Caprichosa.

Ciclotímica.

Perversa.

Acechante.

Tenebrosa.

Tácito el dolor que

no te alcanza.

Te moverás indolente

ante mis logros.

Multiplicarás mis

íntimos fracasos.

Moriré yo antes,

es verdad.

Maldita sombra,

hembra impenetrable…

Mendoza. 2012